UNA TRAGEDIA QUE NO SE PUEDE ESCONDER

Se conoció esta semana la decisión del juzgado primero penal del circuito de Ibagué que encontró culpable al ex coronel Joaquín Aldana de la muerte de su esposa Erika Cecilia Yenerys, y como muchos otros Ibaguereños (e inclusive colombianos) yo albergaba la esperanza que las pruebas mostraran que él no habría sido el autor de tan horrendo crimen y que lo ocurrido era producto de una vil venganza o de las otras hipótesis que se plantearon en su momento. Pero como ya lo sabe la opinión la fiscalía demostró ante el juez, que Aldana sí fue el responsable por lo que deberá pagar una condena que podría alcanzar los cuarenta años de prisión. Y conocida la verdad probatoria no nos queda más que reflexionar sobre la gran tragedia que esto representa para una sociedad como la nuestra.
Tragedia por donde se le mire, tragedia para la familia Aldana Yenerys, tragedia para la institución Policía Nacional, tragedia para el Tolima e inclusive tragedia para nuestra sociedad. Tal vez por eso esperaba que el ex coronel no fuera el culpable, adentro de mí esperaba que las instituciones no hubieran fallado, pero el juez nos dice que sí lo es, por lo que estamos obligados a reflexionar sobre las fallas que como sociedad tenemos; no podemos simplemente aceptar y creer que la culpa recae en una persona y ya; que la respuesta de la sociedad ante lo ocurrido es la condena a prisión y ya. ¡No! La magnitud de la tragedia nos obliga a todos a reflexionar y a entender que dicho comportamiento, siendo responsabilidad de un individuo, se da al interior de instituciones como la familia, la policía y la familia. Y que las instituciones tienen la obligación pero además la virtud de mejorar.
Este caso debe servirle a la humanidad para reflexionar sobre nuestro futuro como tal, de cómo se deben rescatar la primacía de los valores eternos y el respeto a la vida si nuestro deseo es presérvanos como sociedad, de la urgente necesidad de hacer del discurso de la tolerancia un real modo de vida y comportamiento natural de parte de todos nosotros, y que siempre estarán presentes los niños.
Finalmente la reflexión tiene que abordar la obligación que tiene la sociedad de no olvidar esta clase de sucesos, esa es nuestra pena, nuestra condena por la fragilidad de nuestras instituciones. La sociedad, como humanidad, tiene la obligación de dejar a un lado la indiferencia y condolerse de casos como el hasta ahora vivido por la familia Aldana Yenerys, tal vez esa sea la única manera para que hechos como este no se vuelvan a repetir.